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Acompañar 28

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Categoria: Acompañar

Nos gustaría que la vida cristiana fluyera y tuviera vitalidad en nuestras parroquias, que la gente estuviera animada en participar, que los jóvenes descubrieran en el evangelio la alegría para crecer por dentro y caminar hacia fuera,… pero, las más de las veces, la realidad no secunda nuestros deseos: la vida no fluye, la participación es de pocas y los más jóvenes buscan otras alegrías, etc. Esta situación nos provoca desconcierto, cansancio y muchas veces derrotismo. ¡Aquí me quedo!

"En el contexto cultural y espiritual de nuestro tiempo, la fe cristiana se encuentra en una situación general de volver a empezar. Quien dice "volver a empezar" está hablando de un proceso simultáneo de muerte y renacimiento. Estamos asistiendo, efectivamente, al final de un mundo que es el final de un cierto cristianismo… Un tiempo germinal, con todo lo que ello comporta de lamento, de sufrimiento y también de satisfacción por lo que muere, y al mismo tiempo de incertidumbre y esperanza por lo que nace" (André Fossion, “Volver a empezar”. Ed. Sal Terrae, 2004 ).

Al mirar la realidad descubrimos que las palabras de André Fossión no están dichas al azar. En ellas nos vemos reflejados. ¿Qué hacer? ¿Seguir para adelante como si no pasara nada o volver a empezar? Una parte de la Iglesia parece tenerlo claro: sigamos haciendo lo de siempre que no pasa nada; otra parte no lo vemos así, no lo sentimos así. Experimentamos una cierta esquizofrenia entre lo deseado y lo real, lo que debiera ser y lo que es, lo que debiéramos hacer y lo que hacemos…etc., pero, en el día a día, no sabemos cómo hacer para volver a empezar. Nos puede lo dado y la incertidumbre de caminar sin senderos. Sin saber bien hacia dónde.

Henri de Lubac decía que "cada vez que abandona un sistema de pensamiento, la humanidad se imagina perder a Dios". Algo de esto nos está sucediendo. Nos sabemos (estamos informados) las grandes verdades: Dios como creador y presencia última en la profundidad de la vida, el reino como acción del Espíritu en la historia, la encarnación como la manera de estar Dios con nosotros, la resurrección como liberación y esperanza definitiva… pero la dureza de la realidad cuestiona los principios y pone a prueba la fe.

¿Qué hacer? Hoy todos los estudios coinciden en que los espacios tradicionales de transmisión de la fe apenas cumplen esta tarea, los lenguajes que expresaban las verdades del cristianismo a los jóvenes les suenan a cuentos de la abuela y los planes pastorales juveniles quedan obsoletos a medio plazo. Sin embargo, el acompañamiento del mundo juveniles, más que una dificultad, que lo es, una oportunidad para volver a empezar.

Pienso y creo que necesitamos mantener viva la actitud de volver a empezar (que no volver a repetir). Seguir creciendo en la fe, en la esperanza y en el amor como origen y fuente de toda vida cristiana y, como consiliarios y consiliarias, de todo acompañamiento; ayudarnos paciente y creativamente a descubrir cómo se nace y se ayuda a nacer hoy a la vida cristina y a la militancia; y mantener la convicción y la fortaleza de afrontar este desafío de manera comunitaria, donde todos/as aportamos y todos/as aprendemos. "Cada día hay que comenzar de nuevo", decía Cardijn. Nosotros podemos añadir: "En cada época hay que volver a empezar".

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