Nº 12. Diciembre 2012

"Como no tengas estudios no vas a poder trabajar ni de ..." ¿Quién no ha oído esa afirmación alguna vez? Hemos crecido escuchando frases del estilo que ligaban siempre la oportunidad de encontrar trabajo con el nivel de estudios que fueras capaz de alcanzar.

En la situación actual, poco a poco vamos llegando a dos conclusiones: la primera es que cada vez hay más gente que, aun completando con éxito sus estudios, tiene dificultades para encontrar trabajo en España y está saliendo a buscarlo a otros países. La segunda, es que si desde el propio sistema educativo se impide que todas las personas tengan las mismas oportunidades para formarse, siempre habrá una diferencia entre los que estudian y los que no: habrá unos trabajos reservados para cada estrato social.

En torno a esta segunda idea, vemos que las subidas de las tasas, las reducciones en las becas, la promoción de la educación privada, etc. suponen una segregación social de cara al futuro. En el medio–largo plazo, el hecho de que sólo las personas que dispongan de más recursos puedan llegar a los estudios superiores supone que, las personas con menos recursos económicos no podrán acceder a según qué tipos de trabajos, puesto que no podrán llegar a la formación necesaria para desempeñarlos.

Limitar el acceso de las clases más empobrecidas a una educación pública y de calidad supone limitar las posibilidades y los horizontes de desarrollo personal y profesional a quienes ya de por sí, lo tienen más difícil. Así mismo, al trabajo menos cualificado que, por lo general, es también el más precario y el que se desarrolla en peores condiciones.

Como Cristianos, no podemos quedarnos indiferentes ante esta situación. Como nos apunta la Doctrina social de la Iglesia: "Sólo el reconocimiento de la dignidad humana hace posible el crecimiento común y personal de todos. Para favorecer un crecimiento semejante es necesario, en particular, apoyar a los últimos, asegurar efectivamente condiciones de igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer, garantizar una igualdad objetiva entre las diversas clases sociales ante la ley" (145). Desde la JOC tenemos que estar siempre sensibles ante estas situaciones en las que los últimos son maltratados por el mero hecho de venir de donde vienen. Es en estos ambientes en los que tenemos que anunciar que su dignidad no es menor que la de cualquier persona y que tienen que defenderla, porque su situación nos es fruto de la casualidad: es la consecuencia de un sistema injusto que necesita tener débiles para que los poderosos lo sean cada día más.

La Educación pública y de calidad es una de las piedras angulares de la igualación entre las distintas clases sociales; es un patrimonio demasiado valioso para perderlo y que tiene que ser defendido por todos y todas los que creemos en su valor social y humano, más allá de lo rentable o no que pueda resultar. Es una inversión que no podemos permitirnos no hacer en nuestra sociedad.

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