Nº 33. Junio 2016

Llevamos varios años oyendo a diario hablar de crisis económica. Desde
que estalló la crisis financiera en Estados Unidos, crisis que también
se trasladó a Europa, hemos sido testigos de un aumento brutal del
paro, alcanzando tasas de paro juvenil en España del 50%. Por supuesto,
aquellas zonas, tanto la periferia de nuestras ciudades, como a
gran escala los países del sur, no han hecho otra cosa que ver agravada
su situación.

Son muchos los análisis que se han hecho de esta problemática,
que ha tenido unas consecuencias muy directas en las políticas (recortes,
austeridad…) que desde Europa se vienen marcando a los distintos países.
Estas políticas, en numerosas ocasiones, se han saltado la voluntad de
gobiernos y población, y han puesto de manifiesto que los denominados
mercados (sector financiero, empresas, lobbies…) son quienes en
último término controlan las decisiones que los políticos toman.

Esta coyuntura, por otra parte, ha ido favoreciendo un lento pero
firme despertar de la gente, que en estos últimos años ha empezado a
cuestionar elementos socioeconómicos ante los que antes éramos indiferentes.
La sociedad se ha hecho consciente de la gran cantidad de inercias
que el sistema ha ido consiguiendo arraigar valiéndose de la publicidad
y los medios de comunicación. Este despertar es lento pero está consiguiendo
canalizar, mediante la indignación, la respuesta de numerosos
colectivos que han ido surgiendo o reforzándose. Gracias a eso,
existe una mayor conciencia de la injusticia que supone que en el contexto
de crisis, los pobres sean cada vez más pobres y los beneficios de las grandes
empresas sigan creciendo cada año.

Desde la Iglesia, la coyuntura actual también favorece este despertar.
El Papa Francisco nos exhorta, en la Evangelii Gaudium, afirmando
que la economía de la exclusión y la inequidad mata [53], que aceptamos
pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades
[55], que el sistema social y económico es injusto en su raíz [59] y que
los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del
consumo [60]. A eso se suma la publicación en 2015, por parte de la Conferencia
Episcopal Española, de la Instrucción Pastoral Iglesia, Servidora
de los Pobres.

Constatamos cómo es generalizada la sensación de desánimo por
no saber por dónde ni cómo plantar cara a tanta injusticia, cómo ir
cambiando el sistema. No terminamos de ver un cambio real de políticas
económicas, pero no hay que olvidar que la participación social y política a
la que los militantes estamos llamados se va construyendo desde la base, e
implica, en lo económico, buscar respuestas que favorezcan el bien común.

 

En este número:

    • CONSTRUYENDO UN MUNDO MÁS JUSTO. Revolucionar la economía está en nuestras manos
    • Testimonios de economía jocista: 
      • En comunidad, descubrimos alternativas a "lo que manda la sociedad", Cathy (Iniciación JOC Las Palmas) 
      • La JOC me reoriento la vida, aprendí a vivir la economía en comunidad, Isra (Ciudad Real) 
      • Desde los más jóvenes, y desde adultos cercanos... todos responsables de la economía de la JOC de Sevilla, Ana (JOC de Sevilla)
      • La economía de la JOC es compartir lo que tenemos, Carla (JOC de Canarias)
    • Herramientas de economía jocista
    • El Rincón de Rosita
    • Extra! extra!
    • La Juventud habla. Bernar Domínguez (SG). " La economía es un elemento central de nuestra opción militante, que va mucho más allá del dinero"
  

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