
Entendemos que debemos seguir avanzando en la creación de los cauces adecuados de participación y en la implicación de la juventud en la vida de nuestras ciudades y pueblos y sus instituciones sociopolíticas.
Con este documento los movimientos juveniles de Acción Católica no pretendemos hacer un estudio exhaustivo del sistema político en el que vivimos, ni analizar de forma global la participación político-social de los jóvenes de hoy. Queremos invitar a la reflexión sobre lo que significa hoy la democracia, el compromiso social y poder valorar cómo avanzar hacia una sociedad más participativa.
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Punto de partida - los Jóvenes de Hoy.
El 63,9% de los jóvenes está de acuerdo con la frase: “a la mayoría de la gente le preocupa poco lo que le pasa a los que están a su alrededor”. Esto muestra una gran desconfianza en la gente y las en instituciones.
Por otra parte, un 81% de la juventud no pertenece a ninguna asociación u organización, ni siquiera deportiva. Además, el trabajo de los movimientso sociales (ecologistas, pro-derechos humanos, pacifistas, gays y lesbianas, discriminación racial...) cada día es peor valorado según la comparación con 1999 y 2005.
Una parte importante de los jóvenes, el 56,5%, está de acuerdo con que “la política no tiene nada que ver conmigo, no afecta para nada mi vida privada”.
- Uno de cada cuatro jóvenes sigue la actualidad política en los medios de comunicación.
- Uno de cada cinco habla o discute con frecuencia sobre temas políticos.
- Un 6,5% participa en algún foro o chat sobre política o actualidad social.
- El 12,2% participa en acciones reivindicativas o de protesta.
La interrelación con el entorno y con la política parece que no es una de las características de los jóvenes del hoy, a pesar de los numerosos medios y recursos, ocupando un lugar destacado los espacios virtuales. Sin embargo, no hay que olvidar que son muchas las posibilidades de participación y compromiso: asociaciones, ONG´s, movimientos y sindicatos, etc.
Democracia, ciudadanía y territorio.
Cuando hablamos de democracia, seguramente pensamos en el parlamento, los políticos, las elecciones,... pero si de algo no se puede separar la democracia es del territorio (barrio, pueblo, ciudad, comarca...) y la condición de ciudadanos/as de sus habitantes. Estas tres palabras van siempre unidas, Democracia - Territorio - Ciudadanía.
Hoy el concepto de ciudadanía se ha deslocalizado. La universalización de derechos sociales, políticos y económicos y la mejora de las redes de comunicación, nos han llevado a una sociedad globalizada. A veces nos sentimos ciudadanos del mundo, pero, ¿es posible este concepto si omitimos la relación con nuestro entorno y las personas que en él viven? Las relaciones que se establecen en un territorio propician en mayor medida la pertenencia, la identidad y la participación. Sólo desde esta base es donde puede ser susceptible la construcción de la "federación" de iguales y pasar desde ahí a la universalización o despliegue de una democracia global que sostenga un gobierno estatal o mundial.
Si aceptamos este derecho democrático y de participación del ciudadano/a, también deberíamos aceptar el deber político sobre la gestión y desarrollo de los recursos de un territorio y su gobierno, de un pueblo, de una ciudad, de una nación y de un estado.
La participación y la acción.
La ciudadanía no será plena si los ciudadanos/as no tienen la oportunidad de participar activamente en la consecución de la satisfacción de sus necesidades y la del resto de personas. Por tanto, y desde nuestra dignidad como personas, reivindicamos nuestros derechos y la satisfacción de nuestras necesidades.
La pregunta que nos hacemos es: ¿los jóvenes, las estructuras políticas y la sociedad propiciamos estas acciones y, por tanto, fomentamos una participación activa?
Entendemos que para alcanzar nuestra condición de ciudadanos/as, no vale con las acciones aisladas. Es necesario la participación en acciones colectivas. Estas son las que llevan a cabo grupos cuyos miembros/as se unen motivados por intereses comunes, con una organización más o menos estructurada y desarrollan unas estrategias de movilización para dar a conocer su objetivos y obtener seguidores corresponsables con el mismo.
Los/as jóvenes, corresponsables en democracia.
Para la opinión pública en general, los/as jóvenes actuales estamos muy poco interesados/as en los asuntos colectivos y, lo más importante, no queremos asumir la responsabilidad en la esfera pública. Seguramente esta es la primera conclusión del alejamiento de los jóvenes de instituciones y asociaciones (gobierno, ayuntamientos, sindicatos, Iglesia... ). Esto lleva una preocupación por el futuro de la democracia.
Pero, según lo expresado anteriormente, ¿dónde está la democracia?, ¿cómo los jóvenes podemos y debemos participar de esta democracia?
Uno de los problemas a los que nos enfrentamos es el poco reconocimiento de la juventud como ciudadanos/as de pleno derecho. Somos el futuro pero pocas veces el presente. Nuestros derechos a partir de los 18 años están reconocidos, pero la opinión y corresponsabilidad de un/a joven no es valorada como la de los adultos por las instituciones, siendo los/as jóvenes muy poco protagonistas de lo que vivimos. Una de las principales causas de este fenómeno es el retraso en la emancipación y autonomía económica, motivadas por el elevado paro juvenil y la precariedad laboral, que no ayudan a que el joven pueda desarrollarse y asumir sus responsabilidades en la sociedad.
Los/as jóvenes, ciudadanos activos.
Es muy importante el desarrollo de una juventud activa, que pueda ser participe y estar comprometida con el desarrollo social del territorio. Para ello, además del impulso en las estructuras políticas y ciudadanas en favor de la participación, es clave el impulso del concepto de ciudadanía en la educación formal (colegios, institutos, universidad) y no formal (asociaciones, movimientos, partidos políticos, familia, iglesias, campañas de sensibilización...).
Algunas de las claves del contexto, que vivimos actualmente, para abordar e impulsar la participación ciudadana las podríamos encontrar en:
- La expansión urbanística ha hecho de nuestros barrios, pueblos y ciudades espacios deshumanizados, donde se aumentan las distancias, con lo que nos cuesta identificarnos con ellos. Nos es difícil encontrar nuestro tiempo y espacio de participación.
- Las estructuras comunitarias han pasado a un segundo plano. Familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo..., relaciones, todas ellas muy valoradas por los/as jóvenes, quedan tapadas por el individualismo al que nos arrastra el consumismo y la relativización de todos los aspectos de nuestra vida.
- Vivimos en un momento en el que los lugares y propuestas de participación son numerosos. Son muchas las facilidades que nos dan asociaciones, movimientos, ONG´s, partidos políticos, sindicatos, plataformas ciudadanas..., para adquirir compromisos. Además todos/as tenemos la suerte de contar con libertad para optar por unas o por otras.
- La normalización política convierte la participación en lago menos importante, vemos las actividades en la vida pública como algo “normal”, que se puede hacer o no hacer, hacerlo durante un tiempo y dejarlo y luego retomarlo o no.
- A la hora de la difusión política y social, son muchos los estímulos que recibimos por medio de la televisión, radio, prensa... con lo que se convierten en juez y parte de la opinión pública. Son a través de los medios alternativos (redes sociales, blog, pequeñas publicaciones...) dónde movimientos y asociaciones pueden tener una voz crítica con las instituciones.
Militantes cristianos de Acción Católica.
Nos sentimos ciudadanos/as participes y comprometidos/as con la transformación de nuestros ambientes. Si por algo no apostamos es por la indiferencia ante lo que pasa a nuestro alrededor.
Desde nuestro ser Iglesia hemos descubierto la importancia de ser corresponsables en la sociedad y en la política. Queremos estar comprometidos/as con aquellas situaciones de injusticia y exclusión que se dan en nuestros barrios, pueblos y ciudades.
Para ello, como jóvenes, queremos estar en las estructuras organizativas: consejos de barrio, asociaciones de vecinos, consejos de juventud, órganos de representación de los estudiantes, comités de empresas, plataformas ciudadanas, partidos políticos, sindicatos, ONG´s...
Vemos las elecciones democráticas como un momento importante de nuestra ciudadanía y participación. Creemos que es un momento que exige una reflexión pausada y un análisis de la realidad que vivimos en cada uno de nuestros territorios.
Pero no nos queremos quedar aquí. Pensamos que la democracia va mucho más allá de un voto: es participación ciudadana, compromiso, conocimiento de las instituciones públicas, análisis y crítica de lo que pasa a nuestro alrededor, apoyo a las medidas que impulsan nuestra sociedad y reivindicación ante todas aquellas iniciativas que van en contra de los intereses de la ciudadanía.
Todo ello lo hacemos tomando como estilo de vida a Jesucristo. Y nos sentimos muy cercanos/as a aquellos movimientos, asociaciones y organizaciones que tratan también de impulsar esta formación de los/as adolescentes y jóvenes, este compromiso en los ambientes y esta cultura de la participación ciudadana, siempre con una talante de tolerancia y cooperación.
Jóvenes para un nuevo paradigma de participación ciudadana.
El punto de partida pasa por potenciar el sentido crítico. Vivimos en un tiempo en el que el estado del bienestar y la actual cultura postmoderna parecen conducirnos al pensamiento único. No podemos negar a los/as jóvenes el conocer, actuar y expresarse respecto a las cuestiones políticas y sociales con análisis, razones y argumentos, y no con la única base de consignas, propagandas y publicidad. No podemos negarles la posibilidad de aprender desde la duda y no desde el dogma. Hemos de sentirnos también participes de lo que hacemos y vivimos. Porque no vivimos al margen de la economía, de la política o de la cultura.
Asumir la responsabilidad como ciudadanos es asumir que también nosotros/as somos realmente agentes de la democracia, encargados de ciertas cosas y que debemos cuidar el funcionamiento de nuestra sociedad. Desde nuestra propia capacidad de autonomía hemos de rechazar aquello que desvirtúa los modos de comportamiento democrático.
Está responsabilidad nos tiene que llevar a la participación. Por ello es preciso un esfuerzo político y pedagógico para mejorar la calidad de los procesos participativos, generando las habilidades y condiciones precisas, para que estos sean llevados a cabo de una manera constante y eficaz. Los grupos asociativos o participativos tienen que ser protagonistas de esta experiencia educativa, una escuela práctica de ejercicio ciudadano.
En este proceso democrático no debemos olvidar quiénes somos, y quiénes son los más desfavorecidos. El sentido crítico y el análisis de la realidad que nos toca vivir cada día debe llevarnos a descubrir a los más empobrecidos y a aquellos que más sufren las injusticias humanas. Es muy importante la sensibilización, desterrar teorías individualistas y mercantilistas, que ponen precio a las relaciones sociales. Debemos educar en una cultura de la solidaridad donde la igualdad y la justicia sean las metas de nuestras acciones.
Hablamos de participación y compromiso socio-político, pero a veces desconocemos los valores compartidos, las normas de nuestra sociedad, los principios generadores de la convivencia democrática, las estructuras y organizaciones sociales. Debemos aprender y formarnos sobre los derechos y libertades de asociación y sindicación, el respeto a la ley y las garantías jurídicas, los derechos humanos, la libertad de ideología y religiosa, la libertad de expresión, el derecho a la educación, el derecho a la autonomía, los partidos políticos,....
Este conocimiento es en el que se deben asentar nuestras críticas, compromisos y acciones. No podemos vivir al margen de las reglas, sin que por ello tengamos que aceptarlas como algo inamovible y verdadero.
Los movimientos sociales y la participación de la juventud.
Hoy más que nunca es necesario la presencia en los distintos ámbitos de nuestra sociedad de los movimientos sociales y de sus miembros, así nos lo recuerda el INJUVE (Instituto de la juventud).
El despertar de los movimientos sociales durante los últimos años ha provocado un cambio en la concepción de la población sobre las formas de participar en democracia. Una democracia no se limita tan sólo a acudir puntualmente a las urnas, sino que puedes hacer mucho más. La participación es un concepto mucho más amplio y, sobre todo, colectivo. Aquí es donde se encuentra la importancia del asociacionismo, que permite no sólo defender valores, ideas y discursos, sino hacerlo con la fuerza de un colectivo. Además, pertenecer a una asociación juvenil puede ser una buena experiencia pues formarás parte de un grupo que comparte tu intereses y aficiones, conocerás a otras personas, te divertirás...
Apostamos por los movimientos sociales, así como por los órganos y estructuras de participación de los mismos en la vida política de nuestros barrios, pueblos, ciudades y del nivel estatal. Vemos al tejido asociativo como el mejor medio para abordar algunos de los artículos de La Constitución Española:
Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes libremente elegidos, periódicamente, por sufragio universal. (artículo 23).
Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones (...) y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica y social. (artículo 9.2).
Los poderes públicos promoverán las condiciones para la participación libre y eficaz de la juventud en el desarrollo político, social, económico y cultural (artículo 48).
Se reconoce el derecho de asociación (artículo 22.1).
Una de las estructuras e instituciones que han surgido desde las asociaciones juveniles y que queremos destacar, son los Consejos de la Juventud, locales, autonómicos o estatal, como medios para la reflexión, la coordinación, y el intercambio de ideas y experiencias. (+ info en www.cje.org).
Jesucristo y la Iglesia. Jóvenes laicos comprometidos en el mundo.
Es desde nuestros principios y nuestro proceso de vida cristiana desde donde tenemos que vivir nuestro compromiso y nuestra participación. Actuamos desde el Evangelio y desde las enseñanzas de la Iglesia, en definitiva, desde Jesucristo.
Es cierto que la Biblia no ofrece ningún modelo político, aunque sí nos da unas “exigencias éticas, definitivas de forma absolutamente claras: el respeto a los pobres, la defensa de los débiles, la protección de los extranjeros, la desconfianza frente a la riqueza, la condena del dominio ejercido por el dinero, la destrucción de los poderes totalitario...”. Será tarea de cada cristiano/a ver en qué opción política coloca esto.
Son muchos textos evangélicos los que nos recuerdan la importancia de ponernos en el lugar del otro, el servicio a los demás y la lucha por las injusticias, es decir, la participación en la sociedad.
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. En verdad os digo: el criado no es más que su amo, ni el enviado es más que el que lo envía. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica.Juan 13, 12-18
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del anís y del comino, y descuidáis lo más grave de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que habría que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtráis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo y desenfreno! ¡Fariseo ciego!, limpia primero la copa por dentro y así quedará limpia también por fuera. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros blanqueados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crueldad.
Lucas 14, 12-1
Toda teología cristiana debe tener en cuenta un principio fundamental: el amor. Si la vida del cristiana/o tiene como fundamento el amor, sus relaciones sociales deben, igualmente, estar marcadas por el amor. Este principio esta presente en toda la enseñanza social católica, a la cual la Doctrina Social de la Iglesia propone estos puntos de apoyo:
- El desarrollo integral del hombre y de la mujer. " Toda la doctrina social se desarrolla, en efecto, a partir del principio que afirma la inviolable dignidad de la persona humana”. Compendio de la DSI, artículo 107.
- El principio del bien común. "El conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección". Gaudium et spes, 26 – DSI 164.
- La participación. Serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo/a o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. Gaudium et spes, 75 – DSI 189.
- La participación es un deber que todos/as han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común. Catecismo de la Iglesia Católica, 1913-1917 – DSI 189
- El destino Universal de los bienes. "Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres, mujeres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad”. Gaudium et spes, 69 – DSI 171.
- Principio de subsidiaridad. Es imposible promover la dignidad de la persona, si no se cuidan la familia, los grupos, las asociaciones, la realidades territoriales locales, en definitiva aquellas expresiones agregativas de tipo económico, social, cultural, deportivo, recreativo, profesional, político, a las que las personas dan vida espontáneamente y que hacen posible su efectivo crecimiento social. Catecismo de la Iglesia Católica, 1882 – DSI 185.
Como vemos la Iglesia nos invita a la participación directa de los cristianos en la política y en la sociedad. Algunas de esas llamadas más destacadas podemos encontrarla en la encíclica Christifidelis Laici y en el documento posterior editado por la Conferencia Episcopal Española, “Cristianos Laicos, Iglesia en el mundo”. Dejamos para finalizar estas dos llamadas que nos tienen que hacer reflexionar a todos/as los cristianos.
“Para animar cristianamente el orden temporal -en el sentido señalado de servir a la persona y a la sociedad- los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación de la vida política”.
(Chistifidelis Laici, 42)
Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo, (...) deben hacerse presente con su vida, testimonio y compromiso socio-político a la comunidad cristiana en el seno de la sociedad civil, individual y colectivamente. Esto requiere abrir cauces para el estudio de la situación de la sociedad, el discernimiento comunitario y la acción solidaria – denuncia, apoyo, etc-. CLIM - 58
Las comunidades eclesiales, asociaciones y movimientos apostólicos, en conformidad con las enseñanzas sociales de la Iglesia y en el marco constitucional de la sociedad española, deberán impulsar la participación de sus miembros en las vida pública a través de las asociaciones e instituciones políticas, sindicales, culturales, sociales... más adecuadas.
A los cristianas/os laicas/os, técnicamente preparados y debidamente formados, corresponde crear y promover las instituciones y asociaciones que estimen más necesarias y aptas en los distintos ámbitos de la sociedad civil. CLIM - 62



































































